
En El Salvador, no existe una Ley de Protección a los Animales en Peligro de Extinción. La única que ley que se le parece, aunque es diferente, es la Ley de Conservación de la Vida Silvestre que aprobó, en 1994, la Asamblea Legislativa, la cual tuvo una reforma en 2001. Los tres “grandes logros” que ha producido esa ley a cargo del Ministerio de Medio Ambiente, relacionados con las especies en peligro de extinción, desde que entró en vigencia son: en 2004, proporcionar una lista que identifica a los animales en riesgo; segundo, desde 2007, declarar cuáles son las áreas naturales protegidas en el país; y, por último, en febrero de 2009, establecer la prohibición de la comercialización de huevos de tortuga.
Revisemos los numeritos de esos logros. Con respecto al listado de las especies, ¿acaso ha disminuido el número de especies en riesgo desde su aprobación? Pues, no. En 2004, el listado mostraba 295 especies en riesgo; y, en el presente año 2009, son 400. Es decir, 105 animales más. Por otro lado, las áreas protegidas eran 25 en el 2007. Como nuestros políticos son tan ecológicos tuvieron que haber aumentado, ¿verdad? Falso, ahora, según el MARN, son solo 18. Por cierto, muchas de esas áreas ya eran reservas naturales, como el caso del Imposible. ¿Y los huevos de tortuga? Según las noticias, los vendedores acataron el veto. Por fin, un logro. Al menos, parecía un logro hasta que se descubrió que los vendedores encontraban formas de comercializarlos sin que las autoridades se dieran cuenta. Resulta interesante que a los supermercados no se les revisó si cumplían o no con ese veto.
Esto demuestra que esta ley no protege a las especies en riesgo. Animales cuya urgencia de que se adopten medidas que regulen, prohíban y sancionen sus daños, es alta. Una ley que los proteja debe incidir y modificar en aquellas actividades humanas que incrementan sus posibilidades de desaparecer. Es decir que, para preservar a esos especímenes, tiene que regular la contaminación, la deforestación, la depredación, la construcción de vivienda, la caza; en fin, todas nuestras acciones perjudiciales para el medio ambiente.
Una vez que una especie se extingue no existe jamás. Quizá en algunos años podamos clonar a estas especies, pero ahora es imposible. Pero, ¿por qué no detener esas extinciones ahora? ¿Por qué esperar hasta que ya no existan para intentar enmendar el daño? Además, si pudiésemos clonarlas, imaginémonos cuántos animales tendrían que ser. Solo en El Salvador serían 400 hasta ahora y eso si clonáramos a un solo animal. Digamos ahora que de cada animal clonáramos 500. ¿Cuántos son? Pues, 20,000 animales. Los costos ambientales son demasiado alto
s para darnos el lujo de perder una especie.
Cada una de los animales que existe en el planeta contribuye a que la vida continúe. Por ello, la desaparición de alguno de estos seres vivos produce un desequilibrio irreparable. Es cierto, la extinción es parte del proceso evolutivo, pero resulta que los seres humanos somos los responsables de la aceleración en el mecanismo de extinción de muchas especies.
Revisemos los numeritos de esos logros. Con respecto al listado de las especies, ¿acaso ha disminuido el número de especies en riesgo desde su aprobación? Pues, no. En 2004, el listado mostraba 295 especies en riesgo; y, en el presente año 2009, son 400. Es decir, 105 animales más. Por otro lado, las áreas protegidas eran 25 en el 2007. Como nuestros políticos son tan ecológicos tuvieron que haber aumentado, ¿verdad? Falso, ahora, según el MARN, son solo 18. Por cierto, muchas de esas áreas ya eran reservas naturales, como el caso del Imposible. ¿Y los huevos de tortuga? Según las noticias, los vendedores acataron el veto. Por fin, un logro. Al menos, parecía un logro hasta que se descubrió que los vendedores encontraban formas de comercializarlos sin que las autoridades se dieran cuenta. Resulta interesante que a los supermercados no se les revisó si cumplían o no con ese veto.
Esto demuestra que esta ley no protege a las especies en riesgo. Animales cuya urgencia de que se adopten medidas que regulen, prohíban y sancionen sus daños, es alta. Una ley que los proteja debe incidir y modificar en aquellas actividades humanas que incrementan sus posibilidades de desaparecer. Es decir que, para preservar a esos especímenes, tiene que regular la contaminación, la deforestación, la depredación, la construcción de vivienda, la caza; en fin, todas nuestras acciones perjudiciales para el medio ambiente.
Una vez que una especie se extingue no existe jamás. Quizá en algunos años podamos clonar a estas especies, pero ahora es imposible. Pero, ¿por qué no detener esas extinciones ahora? ¿Por qué esperar hasta que ya no existan para intentar enmendar el daño? Además, si pudiésemos clonarlas, imaginémonos cuántos animales tendrían que ser. Solo en El Salvador serían 400 hasta ahora y eso si clonáramos a un solo animal. Digamos ahora que de cada animal clonáramos 500. ¿Cuántos son? Pues, 20,000 animales. Los costos ambientales son demasiado alto
s para darnos el lujo de perder una especie.Cada una de los animales que existe en el planeta contribuye a que la vida continúe. Por ello, la desaparición de alguno de estos seres vivos produce un desequilibrio irreparable. Es cierto, la extinción es parte del proceso evolutivo, pero resulta que los seres humanos somos los responsables de la aceleración en el mecanismo de extinción de muchas especies.
A la larga, si seguimos con estas prácticas, pronto seremos nosotros quienes nos extingamos. Pronto seremos quienes nos autodestruiremos. Esto no significa que no podamos hacer nada; al contrario, podemos hacer mucho. Sin duda, la prudencia humana y la capacidad de equilibrar nuestras necesidades con las del resto de las vidas de este planeta son las que salvaran a los seres vivos, pero los primeros pasos tienen que darse en las normas legales. Nosotros quizá seamos capaces de colocar en una lista a las especies en peligro, pero ninguna otra especie, por ahora, está capacitada para poner nuestro nombre en una lista de animales muertos. Entonces, ningún otro animal es capaz de escribir: “ser humano, extinto. Causas: incapacidad de proteger a las demás especies, destrucción desmedida de su entorno, tendencia suicida”.

