Para los indigentes, en El Salvador, el derecho a la salud es confundido con el derecho a ser atendidos en el sistema de salud estatal. La actual crisis alimenticia puede enviar, en América Latina, a 15,000 millones más de personas a la indigencia, según la CEPAL. Con ellos, ya serían 84,2 millones de latinoamericanos cuyo derecho a la salud estaría lejos de concretarse.
Sostenía un vaso desechable de durapax en su mano derecha. En éste, que dos días después estaría roto del fondo, había una moneda de 10 centavos de dólar. La única hasta ese momento. Estaba sentado en la acera, con una pierna estirada y la otra encogida. Descalzo. Vestía una camisa de botones, blanca y rota; un pantalón desteñido de color negro y sucio. Su mirada se mantenía baja, excepto cuando una persona pasaba cerca de él; entonces, levantaba la mirada y, al mismo tiempo, elevaba su vaso. Diez centavos más. Esta vez tuvo suerte, ya que, después de varios transeúntes, uno por fin le dio dinero. Como respuesta, en su rostro sin rasurar y sucio se dibujó una sonrisa.
Su nombre es Giovanni José, aparenta unos 30 años, aunque dice tener 12. Se encuentra ubicado en los alrededores de
Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), la palabra indigencia proviene del latín indigentia y significa “falta de medios para alimentarse, para vestirse…”. Para el director general del Ministerio de Salud y Asistencia Social (MSPAS), Alcides Urbina, un indigente es una persona que no tiene condiciones para vivir y desarrollarse, que no tiene un ingreso económico y que vive de la caridad pública. Algunos sinónimos asociados al indigente son: pobre, vagabundo, mendigo, necesitado, pordiosero, etc.
Entre las causas que generan indigencia en El Salvador, están la desintegración familiar, la extrema pobreza, el desempleo y la crisis económica. De hecho, en mayo del presente año, el director general de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), José Luis Machinea, dijo que, con el actual encarecimiento de los alimentos, el número de indigentes podría aumentar en América Latina unos 15 millones más. En 2007, la revista Proceso, de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) escribió que la extrema pobreza o indigencia abarcaba a un 15,4% de la población latinoamericana. Es decir, unos 81 millones de personas. Ahora, según la CEPAL, podría aumentar a 84,2 millones.
Sin embargo, según el portavoz en Francia y el presidente en Bélgica del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), Damien Millet y Eric Toussaint, respectivamente, con el crecimiento de la población, los indigentes se ven reducidos solo en proporción y no en cantidad. Esto significa que el “Objetivo del Milenio” que busca reducir, para el
Los indigentes no se originan en las sociedades actuales. Al analizar el periodo primitivo, cuando el hombre era nómada –persona o animal que va de un lugar a otro sin establecer una residencia fija-, el que ya no podía seguir con el grupo, ya fuera por su edad, por alguna enfermedad u otro motivo, era abandonado. Estas personas abandonadas eran consideradas como indigentes, dice Juan Antonio Iribarren en el libro “Historia General del Derecho” (1938). En Grecia, el indigente pertenecía a los esclavos pero, debido a que era incapaz de realizar su trabajo, su amo lo eliminaba. En la actualidad, esto ya no sucede, pero sí existe un “olvido de la sociedad” hacia los indigentes, según el jefe de servicios médicos de
Derecho a la atención médica y derecho a la salud
Han pasado dos días. Él está en el mismo lugar, con la misma ropa y a la espera de unos centavos. Se sorprende al verme. No olvidó quién soy. Giovanni José levanta su mano, me saluda. Ante la pregunta de si sabe qué es el derecho a la salud, tarda unos segundos en responder. Luego, dice, en un tono más alto que de costumbre, “sí”. Se calla por un momento y, después de pedir limosna a un peatón sin tener éxito, dirige su mirada hacia mí y agrega: “Es que me curen en una unidad (de salud)”.
La Constitución de la Republica de El Salvador define a la salud como un derecho que le corresponde a todos los habitantes. Inclusive, a los indigentes. De hecho, se establece la gratuidad de la asistencia médica, el control, por parte del Estado, tanto de la calidad de los productos alimenticios como de las condiciones ambientales que puedan afectar la salud y el bienestar de la población. Además, el Estado debe asumir su cargo a los indigentes que, por su edad o incapacidad física o mental, no puedan trabajar. Estos son los artículos, 66, 69 y 70, en ese orden.
En algunas ocasiones, se reduce el derecho a la salud, como lo Giovanni José y otros indigentes, como el derecho a recibir asistencia médica. Es decir, al derecho a ser atendido en una institución de servicio de salud –público-, que todos los habitantes, con o sin condiciones económicas, tenemos. Por otro lado, el derecho a la salud, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, significa que cada persona tenga un completo bienestar físico, mental y social. Ello implica no solo garantizar servicios de salud óptimos, sino también condiciones de trabajo saludables y seguras, vivienda adecuada y una alimentación nutritiva.
El derecho a la asistencia médica, por parte de las instituciones públicas dedicadas a la salud, parece cumplirse. Tanto el director general del MSPAS, Alcides Urbina, como el director de la unidad de salud Concepción en San Salvador, Arturo Carrillo, dijeron que el servicio no tiene costo y se le brinda a toda persona que lo requiera. Asimismo, para Urbina, sería “nefasto” que alguien del sistema de salud le cobrara a un indigente. Sin embargo, Giovanni José aseguró que sí lo hicieron. La jefa de la unidad de salud Concepción, Gloria Nelly de Puente, explicó que, desde hace unos “dos o tres años, el paciente no da ninguna colaboración por nada”.
Existen, sin embargo, algunas situaciones en las cuales se hace difícil atender a los indigentes. Por ejemplo, De Puente señaló lo complicado que es atender a los indigentes que tienen problemas mentales, ya que no siguen indicaciones. Para Carrillo, otro problema es que el indigente no asiste a la unidad de salud para prevenirse de enfermedades, sino solo cuando padece alguna patología específica.
Los primeros hospitales de El Salvador –Santísima Trinidad, Santa Gertudris, etc.-, a partir de 1648, siguieron el ejemplo de Europa: se crearon para la población pobre, debido a que no tenían un lugar para que el doctor llegara a visitarlos. El dinero para financiar estos hospitales, llamados de caridad, provenía de un subsidio de beneficencia. Según el director general del MSPAS, en la actualidad las instituciones públicas son, ante todo, para los pobres e indigentes.
Pero, ¿se cumple o se respeta este derecho en el caso de los indigentes, particularmente? Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el derecho a la salud significa el disfrute de una gama de facilidades, bienes, servicios y condiciones necesarias para alcanzar el más alto nivel posible de salud. El derecho a la salud implica “desarrollar estilos de vidas saludables”, dijo el director general del MSPAS. Sin embargo, en el caso de los indigentes, debido a las condiciones en las que viven, su estilo de vida no es saludable.
Alimento, indigentes y basura
Hacia frío. Por las calles de la capital, apenas transitaban algunos automóviles. Las luces intermitentes de cinco autos iluminan la noche y avisan la llegada de los integrantes del Ministerio de Misericordia. Los carros disminuyen la velocidad. Unos niños se suben al último pick up. Entonces, de la oscuridad empiezan a llegar más y más indigentes. Los carros se detienen esquina opuesta al Hospital Rosales. Hombres, mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas se formaban para recibir sus alimentos. El olor de la comida se mezclaba con la hediondez del lugar…
La “obra” que tiene 10 años se llama Madre Teresa. Cada jueves y sábado por la noche, se les reparte comida a los indigentes. Esto se hace en tres puntos: el primero, esquina opuesta al hospital Rosales; el segundo, enfrente del Colegio Guadalupano; y el último, atrás de la Cruz Roja.
“El objetivo es proclamar la palabra y el pretexto es la comida”, dijo Román Meza, quien esta noche está a cargo de la obra. Según explica, el indigente no es solo el que tiene una necesidad material o una necesidad alimenticia, sino también el que tiene una necesidad espiritual. Karen Gálvez, una joven de 16 años que participa en el proyecto, consideró que darles alimento es una posibilidad de ayudarles. Su padre, Iván Gálvez, de 47 años afirmó que los indigentes son personas con “hambre de amor de Dios y comprensión”.
El problema, según el jefe de servicios médicos de
[1]http://www.saber.ula.ve/db/ssaber/Edocs/centros_investigacion/cip/publicaciones/monografias/psicologia_social/capitulo16.pdf
[2] Tesis: “La responsabilidad que tiene el Estado de proteger el derecho a la salud de los indigentes” (1999), de Evelyn Alonzo Carrero, Bartolo Salvador Wilfredo Contreras Espino y Nelly Noemy Montoya.
[3] Tomado de: Semanario El Independiente, Edición 181, “El Banco Mundial descubre, de golpe, 400 millones de pobres más”, página 6.


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