Antes del 15 de marzo, día en que los salvadoreños elegimos a Mauricio Funes como presidente de la República, me topé con una pareja muy peculiar: caminaban tomados de la mano por los pasillos de Metrocentro, cada uno iba identificado con la camiseta del partido político de su predilección: ella vestía una de ARENA; mientras que él, una del FMLN.
Las elecciones políticas pueden llegar a generar divergencias e incluso conflictos, ya sea entre los partidos en contienda, ya sea entre los militantes y simpatizantes de un partido con los del otro o ya sea entre una pareja donde cada individuo tiene preferencias políticas diferentes. ¿Cómo lidiar en un nivel tan íntimo con esas diferencias, en un país tan polarizado? A través del consenso.
Según la Real Academia Española, consenso es un “acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo”. Esos acuerdos permiten, entonces, llegar a respuestas o decisiones conjuntas con las que los miembros de la pareja se sienten satisfechos. Este sentimiento proviene de que nuestra opinión fue tomada en cuenta y también porque participamos, en alguna medida, a llegar a ella. En el caso de esta pareja, quizá hubo un acuerdo para vestirse así ese día.
Los consensos evitan no solo que la decisión tomada provenga de una sola persona, sino que también impiden que esa persona imponga o fuerce sus deseos en detrimento de los de su pareja, la cual puede sentir insatisfacción y hasta resentimiento al hacer lo que, posiblemente, no quiere. Por ejemplo si, en este caso peculiar, solo uno de los dos -el esposo o la esposa- hubiera optado porque ambos debían utilizar ese atuendo, el otro podría inconformarse con la decisión, quizá por no haber sido escuchado o por querer algo distinto.
Sin embargo, el consenso no resuelve todo ni siempre es posible llegar a acuerdos. Las parejas pueden utilizar diferentes argumentos para convencer al otro de votar o preferir a su opción política –el FMLN o ARENA, en este caso-. Intentar llegar a un consenso sobre por quién votar, es decir, que ambos miembros acuerden votar por un mismo partido, es casi imposible y sería una tarea frustrante para ambos –y para sus hijos, si los tienen-. Esto se debe a que se trata de la elección entre dos visiones o dos opciones diferentes.
A pesar de lo anterior, sí se pueden establecer otra clase de acuerdos en tiempos de elecciones. Decidir cómo se tratará el tema de las preferencias políticas en casa: en qué momentos se hablará, de qué forma se discutirá entre la pareja y con los hijos, etc.; acordar cómo se demostraran esas preferencias, etc.
Los consensos permiten el dialogo, la convivencia a pesar de las diferencias y el compromiso al momento de tomar una decisión o optar por una acción. Por ello, las parejas con preferencias políticas diferentes deben llegar a consensos, sobre todo en época electoral.
Las elecciones políticas pueden llegar a generar divergencias e incluso conflictos, ya sea entre los partidos en contienda, ya sea entre los militantes y simpatizantes de un partido con los del otro o ya sea entre una pareja donde cada individuo tiene preferencias políticas diferentes. ¿Cómo lidiar en un nivel tan íntimo con esas diferencias, en un país tan polarizado? A través del consenso.
Según la Real Academia Española, consenso es un “acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo”. Esos acuerdos permiten, entonces, llegar a respuestas o decisiones conjuntas con las que los miembros de la pareja se sienten satisfechos. Este sentimiento proviene de que nuestra opinión fue tomada en cuenta y también porque participamos, en alguna medida, a llegar a ella. En el caso de esta pareja, quizá hubo un acuerdo para vestirse así ese día.
Los consensos evitan no solo que la decisión tomada provenga de una sola persona, sino que también impiden que esa persona imponga o fuerce sus deseos en detrimento de los de su pareja, la cual puede sentir insatisfacción y hasta resentimiento al hacer lo que, posiblemente, no quiere. Por ejemplo si, en este caso peculiar, solo uno de los dos -el esposo o la esposa- hubiera optado porque ambos debían utilizar ese atuendo, el otro podría inconformarse con la decisión, quizá por no haber sido escuchado o por querer algo distinto.
Sin embargo, el consenso no resuelve todo ni siempre es posible llegar a acuerdos. Las parejas pueden utilizar diferentes argumentos para convencer al otro de votar o preferir a su opción política –el FMLN o ARENA, en este caso-. Intentar llegar a un consenso sobre por quién votar, es decir, que ambos miembros acuerden votar por un mismo partido, es casi imposible y sería una tarea frustrante para ambos –y para sus hijos, si los tienen-. Esto se debe a que se trata de la elección entre dos visiones o dos opciones diferentes.
A pesar de lo anterior, sí se pueden establecer otra clase de acuerdos en tiempos de elecciones. Decidir cómo se tratará el tema de las preferencias políticas en casa: en qué momentos se hablará, de qué forma se discutirá entre la pareja y con los hijos, etc.; acordar cómo se demostraran esas preferencias, etc.
Los consensos permiten el dialogo, la convivencia a pesar de las diferencias y el compromiso al momento de tomar una decisión o optar por una acción. Por ello, las parejas con preferencias políticas diferentes deben llegar a consensos, sobre todo en época electoral.


1 comentario:
Hola Oscar, que bien que sigues escribiendo en el blog, saludos!
Publicar un comentario