Por Óscar González
En enero del presente año celebramos 20 años de la firma de los Acuerdos de Paz. Sin duda un hecho histórico que marcó al país y a la cultura. El miedo, la violencia, el consumo, la migración son algunos rasgos que caracterizan la cultura de la sociedad salvadoreña, cuya rebeldía, criticidad, escepticismo y variedad se ven afectadas por la uniformidad, el espectáculo, la crítica ligera o la destructiva, y la simplificación más pobre.
Pero la cultura no tiene Paz. Aún batalla en la postguerra. Y no solo lo hace a través de los artistas, uno que otro funcionaro público verdaderamente interesado en la cultura y no en el dinero, sino de un pequeño y reducido grupo de periodistas culturales, quienes buscan diferentes maneras de abrir espacios, al menos, para la publicación de micronotas culturales.
"¿Usted es el encargado de las notas cortas en cultura?", me preguntó un día una persona. Sorprendido, no dije nada. Y es que de hecho lo mayoría de lo que se publica referente a la cultura del país se publica en los "huecos" que permiten algunos anuncios de telefonía móvil, ropa, bebidas alcohólicas o cualquier otro producto o servicio...
Pero la cultura de El Salvador es mutable e inmutable. Para muchos, no tenemos una cultura propia, o culturas propias, y somos el mejor -o el peor- ejemplo del fenómeno globalizador. Apareció el espanglish y luego un diccionario que nos decía que "pick up" se tenía que escribir como se oía: ¿"picap"? Y de esta manera el fenómeno de la migración no solo vinculó aún más las culturas de países distantes, sino que incluso produjo que nacieran otras.
La cultura del espectáculo y la banalización hizo que nos interesara más qué hacen o piensan artistas extranjeros que los pensamientos más profundos de filósofos y escritores. Pero también se convirtió en un fenómeno de análisis y ya se habla de la cátedra de Lady Gaga en Estados Unidos.
La tecnología ha creado nuevos vicios llamados Facebook y Twitter, o el famoso y MSN, pero también ha abrió la posibilidad de acceder a más información importante, más datos, más ideas. Y es que todo tiene sus ventajas y desventajas, sus excepciones.
No se puede valorar si la cultura cambió para bien o para mal. Si el hecho de que tenga un pequeño espacio en los periódicos contribuya a darle mayor importancia y a reflexionar más en cómo revalorizarla para que consiga más espacio. Si el hecho de que no tenga paz la daña o la fortalece.


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