"Quédate con tus monedas, yo quiero cambio"

Se arrastró por la calle lentamente. En la oscuridad, apenas era visto por las personas. Pero, al momento de percibir su presencia, se apartaban y desviaban la mirada. Otros lo veían a lo lejos, de reojo. Se detuvo frente a una señora, la cual tenía la mirada fija en el evento. Él levantó una mano sin ser notado. Era una sombra más entre la multitud. De repente, ella lo vio. Sin embargo, su reacción inmediata fue ignorarlo. 
Un niño que se encontraba con su madre lo observó. Asustado, el infante colocó su mano en la falda de su madre y la jaló una y otra vez, hasta que ésta enojada situó su mirada en s hijo, el cual señalaba con su dedo al horizonte. Mejor dicho, al ser que se encontraba en el suelo. El ser continúo arrastrándose hacia una esquina vacía y oscura.
Toda su piel estaba cubierta de tierra y marcada de pequeñas heridas. La sangre de éstas, apenas era visible. Las facciones de su rostro estaban escondidas bajo su cabello desaliñado y su barba mugrienta. Solo sus ojos resaltaban en esa figura. Fríos, fijos y tristes se clavaban en el vacío. Su cuerpo era cubierto por trapos desgarrados y sucios. Esta "vestimenta" se confundía con su piel.
Invisible e indeseable en aquel lugar, cerró sus ojos. Trataba de
dormir, pero su estomago hambriento no se lo permitía. Por ello, abrió sus ojos. Estos recorrieron las aceras y los tragantes, hasta situarse en un basurero de hierro oxidado y rebalsado de basura contenida en unas bolsas negras y rotas. Volvió a arrastrarse. Al llegar al basurero, buscó alrededor de este y halló un pedazo de pan medio comido. Lo devoró. Luego, tomó un pedazo de cartón y regresó a su esquina. Pudo dormir, a pesar de que su último pensamiento era qué comería mañana.
El evento que aglomeró tanta gente en ese lugar, continuó. Las personas siguieron pasando a su lado. Él se convirtió en una estatua mas, con su nombre olvidado en el tiempo y su futuro marchito en el presente. En su arrastre constante por sobrevivir.
En El Salvador, como en otros países, grupos como los indigentes forman parte de la estructura social; sin embargo, se muestran como la antitesis de la sociedad moderna. En ella, construida en este país a partir del siglo XIX, los ciudadanos cuentan como tales cuando son productivos. En la actualidad, los ciudadanos cuentan cuando mientras sean consumidores. Es decir, mientras el mercado pueda generar sobre ellos nuevas "necesidades", las cuales puedan traducirse en objetos de consumo.
Ni productivos ni consumistas, simplemente con necesidades de supervivencia, el vagabundo es visto, si no es ignorado, de muchas maneras -con lastima, con desprecio, etc.-. No se trata de verlos así. Se trata de reconocerlos como seres humanos. Es decir, valorarlos no por lo que tienen sino por lo que son. Como niños, hombres y mujeres con sueños y recuerdos. En fin, darles dignidad y visibilidad desde ese aspecto humano.
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1 comentario:
Muy triste y muy cierto. El problema de la pobreza aqui tiene tantas raices que 10 soluciones de enfoques diferentes no bastarían con solucionarlo. Mucho menos si no queremos ni aceptar nuestra propia negligencia en este aspecto.
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