
Eran las dos de la madrugada cuando Parker despertó agitado y empapado en sudor. En su sueño, o mejor dicho pesadilla, dos hombres tomados de la mano y vestidos de blanco decían “Sí, acepto” frente a él, que se encontraba ataviado con el hábito del sacerdocio. Parker repitió el nombre de la persona que causó su pesadilla: Bustamante. No pudo dormir en toda la noche. Al siguiente día, llegó a su trabajo en la Asamblea Legislativa con una sola misión: prohibir los matrimonios entre personas del mismo sexo.
No es cierto que así fue la noche de Parker, pero sí lo es que, mientras existían otros temas más urgentes que debatir, como la crisis económica y la deuda estatal, Parker se propuso insistentemente en darle importancia a negarles el matrimonio a los homosexuales. El debate generado en la Asamblea por nuestros representantes demostró una vez más que el título de Estado laico aún no es asimilado. Ninguno de los diputados defendió el derecho de los homosexuales a casarse por lo civil.
¿Y por qué tienen que tener ese derecho? Como dice el artículo 3 de la Constitución, todos somos iguales ante la ley y “para el goce de los derechos civiles no podrán establecerse restricciones que se basen en diferencias de nacionalidad, raza, sexo o religión”. Quizás se podría argumentar que este artículo no menciona a la preferencia sexual como una restricción inválida para gozar de los derechos. Sin embargo, tampoco dice que esa diferencia restrinja los derechos civiles y, si aceptáramos que lo hace, negaríamos que todos somos iguales ante la ley.
Además, el matrimonio civil no se rige bajo creencias religiosas de ningún tipo, para eso existe el matrimonio religioso. Por lo tanto, los argumentos que justifiquen la imposibilidad de ese derecho para las parejas del mismo sexo, basándose en la Biblia o en Dios, no tienen cabida. El matrimonio civil es un contrato legal que acuerdan de forma conciente dos personas –civiles-.
Resulta interesante que algunos diputados, entre ellos Parker, hablen de la Ley Natural como sinónimo de matrimonio entre un hombre y una mujer. Ahora, ¿en verdad es antinatural la homosexualidad? No. De hecho, no somos la única especie que presenta conductas homosexuales. Estudios como “Exuberancia biológica: homosexualidad animal y diversidad natural”, del del biólogo Bruce Bagemihl, presentan al menos 1,500 especies de animales que practican la homosexualidad y/o la bisexualidad.
Nuestra especie necesita de la reproducción de ambos sexos para sobrevivir, pero no es cierto que por permitir el matrimonio entre homosexuales, la humanidad desaparecerá. Primero, porque los heterosexuales no necesitan del matrimonio para tener hijos; segundo, porque permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo no convertirá a los heterosexuales en homosexuales. Como ejemplos tenemos a países como Canadá y España, los cuales en el 2005 aprobaron el matrimonio homosexual.
No es cierto que así fue la noche de Parker, pero sí lo es que, mientras existían otros temas más urgentes que debatir, como la crisis económica y la deuda estatal, Parker se propuso insistentemente en darle importancia a negarles el matrimonio a los homosexuales. El debate generado en la Asamblea por nuestros representantes demostró una vez más que el título de Estado laico aún no es asimilado. Ninguno de los diputados defendió el derecho de los homosexuales a casarse por lo civil.
¿Y por qué tienen que tener ese derecho? Como dice el artículo 3 de la Constitución, todos somos iguales ante la ley y “para el goce de los derechos civiles no podrán establecerse restricciones que se basen en diferencias de nacionalidad, raza, sexo o religión”. Quizás se podría argumentar que este artículo no menciona a la preferencia sexual como una restricción inválida para gozar de los derechos. Sin embargo, tampoco dice que esa diferencia restrinja los derechos civiles y, si aceptáramos que lo hace, negaríamos que todos somos iguales ante la ley.
Además, el matrimonio civil no se rige bajo creencias religiosas de ningún tipo, para eso existe el matrimonio religioso. Por lo tanto, los argumentos que justifiquen la imposibilidad de ese derecho para las parejas del mismo sexo, basándose en la Biblia o en Dios, no tienen cabida. El matrimonio civil es un contrato legal que acuerdan de forma conciente dos personas –civiles-.
Resulta interesante que algunos diputados, entre ellos Parker, hablen de la Ley Natural como sinónimo de matrimonio entre un hombre y una mujer. Ahora, ¿en verdad es antinatural la homosexualidad? No. De hecho, no somos la única especie que presenta conductas homosexuales. Estudios como “Exuberancia biológica: homosexualidad animal y diversidad natural”, del del biólogo Bruce Bagemihl, presentan al menos 1,500 especies de animales que practican la homosexualidad y/o la bisexualidad.
Nuestra especie necesita de la reproducción de ambos sexos para sobrevivir, pero no es cierto que por permitir el matrimonio entre homosexuales, la humanidad desaparecerá. Primero, porque los heterosexuales no necesitan del matrimonio para tener hijos; segundo, porque permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo no convertirá a los heterosexuales en homosexuales. Como ejemplos tenemos a países como Canadá y España, los cuales en el 2005 aprobaron el matrimonio homosexual.
No podemos violentar el derecho que tienen los homosexuales a casarse por lo civil. Esto, sin duda, no acabará con la discriminación, pero será un paso importante para ser una sociedad más inclusiva. No podemos tratar a los homosexuales como criminales o civiles de segunda categoría. Tampoco podemos decir que la preferencia sexual que tiene una persona la hace buena o mala para casarse o formar una familia. Esto porque, si la familia heterosexual de Parker fuese un ejemplo digno de seguir, quizá todos nuestros hijos e hijas deberían estar involucrados en asalto sexual.


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