4 de junio de 2009

Monseñor Romero, Mauricio Funes y el indigente


Mauricio Funes salió de la cripta de Monseñor Romero, ubicada en Catedral Metropolitana de San Salvador. Iba rodeado por periodistas. Las cámaras y micrófonos perseguían al presidente electo que, antes de ser investido, visitó la tumba del arzobispo de San Salvador asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras oficiaba una misa. Al fondo, las personas coreaban su nombre: “Funes, Funes…”.

Aprovechando la aglomeración de gente, Giovanni José, un indigente que pasa sus días afuera de Catedral, deambulaba alredor pidiendo unas monedas. Vestido con una camisa azul y un pantalón negro desteñido y sucio, Giovanni pasaba desapercibido. Al verlo, surgía el recuerdo de una frase que acompaña a una imagen de un indigente: “Quédate con tus monedas, yo quiero cambio”.

Y ese día 1 de junio ese cambio había llegado, cuando Funes afirmó que "Monseñor Romero se convierte en el guía espiritual, en el mentor de una nueva forma de hacer política, de un nuevo estilo de Gobierno” y que, por ello, su gobierno tendrá "una opción preferencial por los pobres", al igual que lo hizo arzobispo.

Funes, entonces, subió escoltado a su auto para ir a la toma presidencial en la Feria Internacional. Mientras tanto, Giovanni José esperará en las calles de San Salvador ese cambio, porque las pruebas de éste se tienen que ver reflejadas en personas que viven en la pobreza y la extrema pobreza como él, las cuales, según dio la revista Proceso en 2007, abarcaba a un 15,4% de la población latinoamericana. Es decir, unos 81 millones de personas. Ahora con la actual crisis económica, según la CEPAL, podría aumentar a 84,2 millones.

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