
No solo las personas viven tras las rejas. En 1953, se creó el Parque Zoológico Nacional en El Salvador. Desde ese entonces, se han encerrado a seres vivos que, a diferencia de muchos seres humanos encarcelados, no han cometido ningún delito. El zoológico se asemeja a una cárcel, porque las instalaciones tienen el fin de mantener atrapados a los animales, bajo control. Este sitio aleja a los animales de su habitad natural y elimina el desarrollo de las relaciones naturales entre las diferentes especies y su entorno, con la justificación de ser un lugar de entretenimiento y educación para la familia.
La Real Academia Española (RAE) define al parque zoológico como un “lugar en que se conservan, cuidan y a veces se crían diversas especies animales con fines didácticos o de entretenimiento”. En el país, esta definición no concuerda con la realidad. No porque no les sirva de entretenimiento a muchas personas, sino porque las circunstancias en las cuales se encuentra el zoológico son deplorables para los animales y, por eso, ni se les conserva ni se les cuida.
El jueves 28 de mayo murió intoxicado “Harry", un tigre de bengala, en el zoológico. A finales de marzo, falleció otro tigre. Estas muertes ocurrieron después de la reapertura en octubre de 2008. Ni la “famosa” remodelación del zoológico logró establecer condiciones óptimas para los animales. Más allá de generar expectativa y publicidad, la remodelación no generó cambios beneficiosos; por lo menos no para los animales, quizá sí para las autoridades en términos económicos y también para el Pollo Campero de enfrente.
Las deficiencias de limpieza por parte de las autoridades, sumado a nuestro rasgo cultural tan característico de tirar basura en cualquier lugar, propician un sitio inadecuado y sucio para los diferentes especimenes que habitan el zoológico. Pero no solo es a través de la basura que dañamos a los animales. Algunas personas los alimentan con comida extraña causándoles indigestión, la cual fue la segunda causa de muerte de los animales del zoológico en 2006.
Tanto la aglomeración suciedad como alimentación a los animales son prácticas culturales que, por más insistencia o prohibiciones que se hagan para evitarlas, continuaran porque, como siempre, hacemos todo lo que nos dicen que no hagamos.
Entonces, dadas las pésimas condiciones en que se encuentra el zoológico, junto con las prácticas nocivas de las personas hacia los animales y la poca o nula capacidad de cambiar estos aspectos, deja solo cerrar el zoológico. Devolver a estos seres al lugar que les corresponde en la naturaleza, lejos de nuestra porquería, nuestra ignorancia hacia su cuidado y nuestra avaricia que nos hace utilizarlos para ganar dinero.
Ojala que la próxima vez que visitemos el zoológico no solo nos admiremos de los animales, sino que nos asombremos de las rejas, la basura y todas las demás condiciones en las que estos viven, para preguntarnos si merecen ese encierro. Ojala que, al estar ahí, nos pongamos a pensar qué sentiríamos si estuviéramos en su lugar siendo observados por muchos desconocidos.
La Real Academia Española (RAE) define al parque zoológico como un “lugar en que se conservan, cuidan y a veces se crían diversas especies animales con fines didácticos o de entretenimiento”. En el país, esta definición no concuerda con la realidad. No porque no les sirva de entretenimiento a muchas personas, sino porque las circunstancias en las cuales se encuentra el zoológico son deplorables para los animales y, por eso, ni se les conserva ni se les cuida.
El jueves 28 de mayo murió intoxicado “Harry", un tigre de bengala, en el zoológico. A finales de marzo, falleció otro tigre. Estas muertes ocurrieron después de la reapertura en octubre de 2008. Ni la “famosa” remodelación del zoológico logró establecer condiciones óptimas para los animales. Más allá de generar expectativa y publicidad, la remodelación no generó cambios beneficiosos; por lo menos no para los animales, quizá sí para las autoridades en términos económicos y también para el Pollo Campero de enfrente.
Las deficiencias de limpieza por parte de las autoridades, sumado a nuestro rasgo cultural tan característico de tirar basura en cualquier lugar, propician un sitio inadecuado y sucio para los diferentes especimenes que habitan el zoológico. Pero no solo es a través de la basura que dañamos a los animales. Algunas personas los alimentan con comida extraña causándoles indigestión, la cual fue la segunda causa de muerte de los animales del zoológico en 2006.
Tanto la aglomeración suciedad como alimentación a los animales son prácticas culturales que, por más insistencia o prohibiciones que se hagan para evitarlas, continuaran porque, como siempre, hacemos todo lo que nos dicen que no hagamos.
Entonces, dadas las pésimas condiciones en que se encuentra el zoológico, junto con las prácticas nocivas de las personas hacia los animales y la poca o nula capacidad de cambiar estos aspectos, deja solo cerrar el zoológico. Devolver a estos seres al lugar que les corresponde en la naturaleza, lejos de nuestra porquería, nuestra ignorancia hacia su cuidado y nuestra avaricia que nos hace utilizarlos para ganar dinero.
Ojala que la próxima vez que visitemos el zoológico no solo nos admiremos de los animales, sino que nos asombremos de las rejas, la basura y todas las demás condiciones en las que estos viven, para preguntarnos si merecen ese encierro. Ojala que, al estar ahí, nos pongamos a pensar qué sentiríamos si estuviéramos en su lugar siendo observados por muchos desconocidos.


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