11 de noviembre de 2009

Compra y venta de ilusiones


Cada vez más, en El Salvador, aparecen negocios que, siguiendo la lógica de las casas de empeño, se benefician de la necesidad de las personas. Se denominan almacenes de compra y venta. Uno de ellos es La Cornucopia. Éste negocio lucrativo está lleno de secretos. Hay muchas preguntas, pero también mucho silencio.


Tardó alrededor de 15 minutos en encontrar un espacio libre en el estacionamiento –de tierra rojiza- ubicado en primera Calle Poniente y 11 Avenida Norte, San Salvador. Antes de bajarse de su auto, un Aveo color negro, observó a tres jóvenes que cargaban las piezas de una computadora blanca. Su mirada los siguió un momento. Luego, caminó hacia su lugar de destino, que era el mismo al que iban ellos. Atravesó la puerta del parqueo pintada de amarillo pero, antes de que pudiera cruzar la calle, un muchacho ataviado con un chaleco anaranjado le entregó un ticket y le dijo que se lo sellarían dentro del lugar. Ella asintió. Ana asintió.


El cuerno de la abundancia o el cuerno de la necesidad
La puerta doble de vidrio polarizado se abrió. Tras ella, estaba parado el actor de dicha acción: un hombre moreno con bigote negro que vestía un chaleco azul oscuro, camisa beige, pantalón y zapatos negros; además, portaba en sus manos una escopeta. “Pase adelante”, le dijo a Ana antes de pedirle que le permitiera revisar su cartera negra y concluir con un “si anda celular, lo apaga, por favor”. Entonces, Ana dejó atrás al vigilante privado de la empresa Security S.V. Éste cerró la puerta a la espera del siguiente cliente, mientras Ana intentaba abrirse paso entre la gente que atestaba el lugar ese viernes 9 de octubre; el reloj marcaba las 10:50 y a Ana le faltaban 34 minutos de espera en la sala de compras de ese lugar llamado La Cornucopia –vaso en forma de cuerno que representa a la abundancia, según la Real Academia Española-.

La sala de ventas de la Cornucopia tiene un piso de cerámica blanca y sus paredes también son de ese color, aunque una de ellas tiene la mitad pintada de un rosado pálido. Dentro de la sala, hay una división metálica pintada de verde. Ésta separa a los vendedores de los compradores quienes pueden transitar por un pasillo en forma de “L” o sentarse en una de las tres filas de sillas. En la división, hay 12 ventanillas –una para pagar, otra para servir un vaso desechable de durapax con café o gaseosa, otra para sellar el ticket del parqueo y así evitar pagar los 75 centavos por usarlo, dos para los objetos (si no se produjo la venta) o el dinero, y siete para vender los objetos-. En la parte superior de las paredes, hay cuatro televisores; dos de ellos presentan las imágenes en blanco y negro de las cámaras de seguridad.

Entonces Ana, debido a que era primeriza, se detuvo en una de las filas; dubitativa, decidió regresar adonde el vigilante y le preguntó qué tenía que hacer. “Pase a una de esas ventanillas”, le dijo mientras señalaba con uno de sus dedos una de las siete ventanillas para “opción de venta”. Ana agradeció y se dirigió a la ventanilla 4.

Ella esperó a que otras dos personas más pasaran con el empleado. Cuando llegó su turno, el joven de camisa ocre que portaba un carné blanco con su nombre y en la parte inferior la frase “Estoy para servirle”, le preguntó qué objeto vendería. Ana revisó despacio su cartera y sacó de ésta una cajita roja con una chonga dorada. La sostuvo con una mano y, con la otra, la abrió. Era una cadena de oro con un dije en forma de herradura. Lo miró unos segundos, antes de entregárselo al empleado de la Cornucopia. Ella no dejaba de ver su cadena.

El empleado, entonces, llenó el formulario de venta con las respuestas a preguntas como cuál es su nombre, cuál es el número de su Documento Único de Identidad (DUI), cómo obtuvo la cadena, tiene el recibo (Ana no lo tenía y aun así aceptaron la prenda), etc. Y, por supuesto, la pregunta clave del negocio: “¿Cuánto pide por ella (la cadena)?”. Ana lo pensó, lo dudó y, por fin, respondió: “Unos… -se detuvo un momento- Unos, no sé, 100 dólares, quizá”. Inmediatamente, ella consultó si el precio que pusiera sería el dinero que le darían. “Es una base. En el valúo, se determina el precio final”, le contestó. “Tome asiento, la llamaremos en unos 10 ó 15 minutos”, dijo. Y después le entregó un papel que decía “válido por un café o una gaseosa”. Ana lo tomó y dio media vuelta en busca de una silla libre. Justo en ese instante, llamaron por el altavoz a una señora que estaba sentada frente a la ventanilla 4. Ana apresuró el paso para ocupar esa silla de plástico negro y patas metálicas.

Ana es una mujer blanca y de estatura media que tiene 42 años. Su cabello es castaño claro y lo usa corto, hasta los hombros; ese día, iba vestida con un pantalón negro y una camisa sport con rayas horizontales blancas y negras. Aparenta ser seria, pero es muy risueña; además, le encanta platicar. Y, en esa ocasión, no fue la excepción y con un “la necesidad, ¿verdad?” inició una conversación con Karen, una joven que estaba sentada a su lado. Karen vestía una blusa verde claro –aritos del mismo color para combinar- y un jeans azul. Era la segunda vez que estaba en la Cornucopia; ese viernes, llevó su anillo de graduación que le costó 250 dólares. Ana le comentó que solicitó 100 dólares por la cadena. “Hubiera pedido más”, le dijo Karen. En ese instante, Karen guardó silencio y se despidió: era su turno.

Ana permaneció en silencio hasta que la llamaran. Después de 11 minutos de espera, una voz masculina dijo su nombre: “Ana Márquez, pase a la ventanilla 2; Ana Márquez, ventanilla 2”. Ella se levantó y, en la ventanilla, la esperaba una joven de piel blanca, cabello rizado y castaño, quien tenía puesto el chaleco naranja chillón con el logo de la empresa. Ella le dijo que, si vendía la cadena, le darían 96 dólares –cuatro menos de los solicitados-, pero que si la dejaba con “opción de compra”, es decir, si la quería recuperar después, le darían solo 90. Ana eligió la segunda opción y, en 15 días, pagaría 108 dólares por su collar. Si la hubiese recobrado de 30 a 38 días, hubiera pagado 128 dólares. Pero si, incluido ese lapso, no hubiera podido pagar, podría dar 24 dólares para una reevaluación del costo.

“En las últimas ventanillas le darán su dinero”, dijo la joven. Ana caminó entre la gente; el local estaba lleno, así que le costaba avanzar. Vio a Karen en la séptima ventanilla donde sirven el café y la gaseosa; por ello, decidió ir por su bebida. Karen se veía enojada –o estaba acaso frustrada- porque regresaba a casa con su anillo, ya que no le ofrecieron lo que pedía. Se despidió y se marchó. Ana, en cambio, fue por sus 90 dólares y su sello.


El costo de una llamada
Marqué el número 25 26 66 00. Después de dos timbres, una voz masculina contestó al otro lado:
-La Cornucopia, buenas tardes- dijo
-Sí, le saluda Óscar González, soy estudiante de Comunicaciones de la UCA. Quisiera hablar con la gerente. Llamé ayer y me dijeron que ella podía darme información respecto a la Cornucopia.
-Permítame- dijo de forma amable y, luego, mientras esperaba, se escuchó un anuncio de esta empresa que tiene 24 años de existir. Unos segundos después, contestó la gerenta.
-Aló- dijo una voz aguda y cortante.
-Buenas, me llamo Óscar González y soy estudiante de la UCA. Quisiera saber si podría establecer una entrevista con usted o con alguien más que me pueda dar información de la empresa.
- No, no damos información. Usted sabe cómo está la situación. Podría ser un ladrón.
-Sí, yo entiendo cómo están las cosas, pero si quiere le puedo presentar una carta de la UCA o…- En ese instante, me interrumpió.
-No, no. No le puedo dar información a cualquiera; nadie con tres dedos de frente lo haría.
-¿Ni con carta?
- No- hizo una pausa-. Usted ha de buscar una casa de empeño. Nosotros nos somos casa de empeño-. De hecho, es cierto, porque son una nueva figura, según el licenciado Ernesto Urrutia del Centro para la Defensa del Consumidor (CDC), una organización no gubernamental que, con referencia a las empresas como La Cornucopia, se encarga de orientar a la población respecto a sus servicios, aunque es la Defensoría del Consumidor la que recibe los reclamos en contra de dichas organizaciones. Sin embargo, ni el CDC ni la Defensoría se encargan de las regulaciones a las casas de empeño ni a estos almacenes de compra y venta. Aunque la lógica de las casas de empeño se mantenga en estos almacenes, hay un cambio radical: uno establece un “contrato de compra-venda”, según Urrutia; entonces, la persona vende su prenda. Ni esto me quiso explicar la gerente:

- No, a mí me interesa La Cornucopia. ¿Y cómo se definen, entonces?- pregunté.
-No le puedo dar información. Somos un almacén de compra y venta, no una casa de empeño. Además, toda la información está en los anuncios.
- Ok, almacén de compra y venta –esta categoría no aparece en los registros de la alcaldía de San Salvador, solo el de “montepío o casa de empeño” y también aparece otra categoría llamada “servicio de préstamo personal”. Según la comuna, aparecen ocho y cinco lugares, respectivamente, registrados bajo estos términos.

Continué con mis inútiles intentos por conseguir alguna información y le dije:

- Supongo que tienen expertos que revisan los objetos que llegan a evaluar…-otra vez, me interrumpió.
-Esa es pregunta de kínder.
- Lo que quiero saber es si las personas que hacen el valúo tienen experiencia empírica, es decir, tienen mucho tiempo trabajando en el negocio. O si se les dan capacitaciones o son profesionales.
-No lo escucho. Permítame, ya regreso- dijo, pero cuando regresó solo me repitió que revisara en la página web, si quería información.
-Bueno, muchas gracias por su tiempo y su amabilidad- contesté. Ella solo colgó.

El encuentro
“No entrar con delantal”, aparece escrito en letras azules sobre una hoja de papel bond en la entrada de la sala de ventas de joyería de La Cornucopia. Esta sala es la más pequeña y cuidada de las tres, porque hay de venta de electrodomésticos. Otro vigilante armado está dentro, pero éste no abre la puerta de vidrio. Dentro, el piso es de color blanco, al igual que las paredes decoradas con imágenes de joyas. Una caja fuerte de gran tamaño se encuentra en el lado derecho, atrás del hombre de Security S.V. Junto a las paredes, protegidas en la parte superior por unos barrotes amarillos, están los escaparates en donde se pueden observar los collares, pulseras, relojes, anillos de oro y plata.

A diferencia de la sala de compras, el lugar está vacío, salvo por una pareja que habla con uno de los vendedores y un extranjero que espera sentado a su esposa quien examina los objetos. Pero no solo se diferencia en la cantidad de gente que se encuentra dentro, sino que también en el tipo: aquí parecen adineradas, de clase media o alta.

Ana entró a esta sala. Su intención era saber en cuánto venden collares de oro como el suyo. Comenzó a revisar tras los vidrios hasta que encontró lo que buscaba. La prenda que más se asemejaba al suyo costaba 610 dólares y otro similar 700. Ana se sorprendió. No había ni solicitado la mitad de esa cifra. “Increíble”, dijo en voz baja para sí misma. Tras unos segundos continúo observando los objetos ahí expuestos. Se encontró un reloj que costaba 1,600 dólares, el objeto más caro expuesto en ese lugar que Ana vio. Ella decidió retirarse y se dirigió a la siguiente sala.

Subió unas gradas y otro vigilante la esperaba en la entrada. La revisó. Ana entró y empezó a ver las computadoras. Uno de los vendedores, Ángel Maldonado, de 23 años, se le acercó. Él empezó a hablarle de los precios. Era tarde, y ella debía irse, así que le agradeció y se retiró de la sala con piso de cemento, de barrotes azules y llena de aparatos, ollas y personas.

Maldonado la observó cuando se iba. Él es de piel blanca, un poco relleno, con cabello corto, castaño y ondulado; en su rostro redondo, apenas se vislumbraban unos vellos en el área del bigote. Vestía el chaleco naranja del trabajo; bajo éste, una camisa celeste. Él, junto a los otros vendedores, gana el salario mínimo; es decir, que tiene un sueldo base de 207.60 dólares. Si quiere ganar de 40 a 50 dólares más, debe renunciar a sus 20 minutos de almuerzo todo el mes. Además de esto, los empleados son revisados a la entrada, hora de almuerzo y salida del trabajo; en esa revisión se les quita sus celulares y se les cuenta el dinero que llevan. Él apenas tenía un mes de estar trabajando ahí y pronto sería trasladado al nuevo local de La Cornucopia en Metrocentro.

Maldonado no sabía en ese momento que él sería quien el 17 de octubre le entregaría a Ana su collar. Ese día, ella regresaría al estacionamiento, dejando atrás a las personas que, por la necesidad de dinero, venden sus objetos de valor monetario y sentimental; a las personas que compran esos objetos a un menor costo; también a aquellas que se lucran de la necesidad y sus intermediaros (empleados), que sólo hacen su trabajo. Sentada en su auto, Ana recuerda las últimas palabras que le dijo Maldonado: “Si quiere, lo puede volver a dejar”.

9 de julio de 2009

Extinción del animal más peligroso: el hombre


En El Salvador, no existe una Ley de Protección a los Animales en Peligro de Extinción. La única que ley que se le parece, aunque es diferente, es la Ley de Conservación de la Vida Silvestre que aprobó, en 1994, la Asamblea Legislativa, la cual tuvo una reforma en 2001. Los tres “grandes logros” que ha producido esa ley a cargo del Ministerio de Medio Ambiente, relacionados con las especies en peligro de extinción, desde que entró en vigencia son: en 2004, proporcionar una lista que identifica a los animales en riesgo; segundo, desde 2007, declarar cuáles son las áreas naturales protegidas en el país; y, por último, en febrero de 2009, establecer la prohibición de la comercialización de huevos de tortuga.

Revisemos los numeritos de esos logros. Con respecto al listado de las especies, ¿acas
o ha disminuido el número de especies en riesgo desde su aprobación? Pues, no. En 2004, el listado mostraba 295 especies en riesgo; y, en el presente año 2009, son 400. Es decir, 105 animales más. Por otro lado, las áreas protegidas eran 25 en el 2007. Como nuestros políticos son tan ecológicos tuvieron que haber aumentado, ¿verdad? Falso, ahora, según el MARN, son solo 18. Por cierto, muchas de esas áreas ya eran reservas naturales, como el caso del Imposible. ¿Y los huevos de tortuga? Según las noticias, los vendedores acataron el veto. Por fin, un logro. Al menos, parecía un logro hasta que se descubrió que los vendedores encontraban formas de comercializarlos sin que las autoridades se dieran cuenta. Resulta interesante que a los supermercados no se les revisó si cumplían o no con ese veto.

Esto demuestra que esta ley no protege a las especies en riesgo. Animales cuya urgencia de que se adopten medidas que regulen, prohíban y sancionen sus daños, es alta. Una ley que los proteja debe incidir y modificar en aquellas actividades humanas que incrementan sus posibilidades de desaparecer. Es decir que, p
ara preservar a esos especímenes, tiene que regular la contaminación, la deforestación, la depredación, la construcción de vivienda, la caza; en fin, todas nuestras acciones perjudiciales para el medio ambiente.

Una vez que una especie se extingue no existe jamás. Quizá en algunos años podamos clonar a estas especies, pero ahora es imposible. Pero, ¿por qué no detener esas extinciones ahora? ¿Por qué esperar hasta que ya no existan para intentar enmendar el daño? Además, si pudiésemos clonarlas, imaginémonos cuántos animales tendrían que ser. Solo en El Salvador serían 400 hasta ahora y eso si clonáramos a un solo animal. Digamos ahora que de cada animal clonáramos 500. ¿Cuántos son? Pues, 20,000 animales. Los costos ambientales son demasiado alto
s para darnos el lujo de perder una especie.

Cada una de los animales que existe en el planeta contribuye a que la vida cont
inúe. Por ello, la desaparición de alguno de estos seres vivos produce un desequilibrio irreparable. Es cierto, la extinción es parte del proceso evolutivo, pero resulta que los seres humanos somos los responsables de la aceleración en el mecanismo de extinción de muchas especies.


A la larga, si seguimos con estas prácticas, pronto seremos nosotros quienes nos extingamos. Pronto seremos quienes nos autodestruiremos. Esto no significa que no podamos hacer nada; al contrario, podemos hacer mucho. Sin duda, la prudencia humana y la capacidad de equilibrar nuestras necesidades con las del resto de las vidas de este planeta son las que salvaran a los seres vivos, pero los primeros pasos tienen que darse en las normas legales. Nosotros quizá seamos capaces de colocar en una lista a las especies en peligro, pero ninguna otra especie, por ahora, está capacitada para poner nuestro nombre en una lista de animales muertos. Entonces, ningún otro animal es capaz de escribir: “ser humano, extinto. Causas: incapacidad de proteger a las demás especies, destrucción desmedida de su entorno, tendencia suicida”.

20 de junio de 2009

La otra cárcel


No solo las personas viven tras las rejas. En 1953, se creó el Parque Zoológico Nacional en El Salvador. Desde ese entonces, se han encerrado a seres vivos que, a diferencia de muchos seres humanos encarcelados, no han cometido ningún delito. El zoológico se asemeja a una cárcel, porque las instalaciones tienen el fin de mantener atrapados a los animales, bajo control. Este sitio aleja a los animales de su habitad natural y elimina el desarrollo de las relaciones naturales entre las diferentes especies y su entorno, con la justificación de ser un lugar de entretenimiento y educación para la familia.

La Real Academia Española (RAE) define al parque zoológico como un “lugar en que se conservan, cuidan y a veces se crían diversas especies animales con fines didácticos o de entretenimiento”. En el país, esta definición no concuerda con la realidad. No porque no les sirva de entretenimiento a muchas personas, sino porque las circunstancias en las cuales se encuentra el zoológico son deplorables para los animales y, por eso, ni se les conserva ni se les cuida.

El jueves 28 de mayo murió intoxicado “Harry", un tigre de bengala, en el zoológico. A finales de marzo, falleció otro tigre. Estas muertes ocurrieron después de la reapertura en octubre de 2008. Ni la “famosa” remodelación del zoológico logró establecer condiciones óptimas para los animales. Más allá de generar expectativa y publicidad, la remodelación no generó cambios beneficiosos; por lo menos no para los animales, quizá sí para las autoridades en términos económicos y también para el Pollo Campero de enfrente.

Las deficiencias de limpieza por parte de las autoridades, sumado a nuestro rasgo cultural tan característico de tirar basura en cualquier lugar, propician un sitio inadecuado y sucio para los diferentes especimenes que habitan el zoológico. Pero no solo es a través de la basura que dañamos a los animales. Algunas personas los alimentan con comida extraña causándoles indigestión, la cual fue la segunda causa de muerte de los animales del zoológico en 2006.

Tanto la aglomeración suciedad como alimentación a los animales son prácticas culturales que, por más insistencia o prohibiciones que se hagan para evitarlas, continuaran porque, como siempre, hacemos todo lo que nos dicen que no hagamos.

Entonces, dadas las pésimas condiciones en que se encuentra el zoológico, junto con las prácticas nocivas de las personas hacia los animales y la poca o nula capacidad de cambiar estos aspectos, deja solo cerrar el zoológico. Devolver a estos seres al lugar que les corresponde en la naturaleza, lejos de nuestra porquería, nuestra ignorancia hacia su cuidado y nuestra avaricia que nos hace utilizarlos para ganar dinero.

Ojala que la próxima vez que visitemos el zoológico no solo nos admiremos de los animales, sino que nos asombremos de las rejas, la basura y todas las demás condiciones en las que estos viven, para preguntarnos si merecen ese encierro. Ojala que, al estar ahí, nos pongamos a pensar qué sentiríamos si estuviéramos en su lugar siendo observados por muchos desconocidos.

4 de junio de 2009

Monseñor Romero, Mauricio Funes y el indigente


Mauricio Funes salió de la cripta de Monseñor Romero, ubicada en Catedral Metropolitana de San Salvador. Iba rodeado por periodistas. Las cámaras y micrófonos perseguían al presidente electo que, antes de ser investido, visitó la tumba del arzobispo de San Salvador asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras oficiaba una misa. Al fondo, las personas coreaban su nombre: “Funes, Funes…”.

Aprovechando la aglomeración de gente, Giovanni José, un indigente que pasa sus días afuera de Catedral, deambulaba alredor pidiendo unas monedas. Vestido con una camisa azul y un pantalón negro desteñido y sucio, Giovanni pasaba desapercibido. Al verlo, surgía el recuerdo de una frase que acompaña a una imagen de un indigente: “Quédate con tus monedas, yo quiero cambio”.

Y ese día 1 de junio ese cambio había llegado, cuando Funes afirmó que "Monseñor Romero se convierte en el guía espiritual, en el mentor de una nueva forma de hacer política, de un nuevo estilo de Gobierno” y que, por ello, su gobierno tendrá "una opción preferencial por los pobres", al igual que lo hizo arzobispo.

Funes, entonces, subió escoltado a su auto para ir a la toma presidencial en la Feria Internacional. Mientras tanto, Giovanni José esperará en las calles de San Salvador ese cambio, porque las pruebas de éste se tienen que ver reflejadas en personas que viven en la pobreza y la extrema pobreza como él, las cuales, según dio la revista Proceso en 2007, abarcaba a un 15,4% de la población latinoamericana. Es decir, unos 81 millones de personas. Ahora con la actual crisis económica, según la CEPAL, podría aumentar a 84,2 millones.

21 de mayo de 2009

Los declaro marido y marido, dijo Parker


Eran las dos de la madrugada cuando Parker despertó agitado y empapado en sudor. En su sueño, o mejor dicho pesadilla, dos hombres tomados de la mano y vestidos de blanco decían “Sí, acepto” frente a él, que se encontraba ataviado con el hábito del sacerdocio. Parker repitió el nombre de la persona que causó su pesadilla: Bustamante. No pudo dormir en toda la noche. Al siguiente día, llegó a su trabajo en la Asamblea Legislativa con una sola misión: prohibir los matrimonios entre personas del mismo sexo.

No es cierto que así fue la noche de Parker, pero sí lo es que, mientras existían otros temas más urgentes que debatir, como la crisis económica y la deuda estatal, Parker se propuso insistentemente en darle importancia a negarles el matrimonio a los homosexuales. El debate generado en la Asamblea por nuestros representantes demostró una vez más que el título de Estado laico aún no es asimilado. Ninguno de los diputados defendió el derecho de los homosexuales a casarse por lo civil.

¿Y por qué tienen que tener ese derecho? Como dice el artículo 3 de la Constitución, todos somos iguales ante la ley y “para el goce de los derechos civiles no podrán establecerse restricciones que se basen en diferencias de nacionalidad, raza, sexo o religión”. Quizás se podría argumentar que este artículo no menciona a la preferencia sexual como una restricción inválida para gozar de los derechos. Sin embargo, tampoco dice que esa diferencia restrinja los derechos civiles y, si aceptáramos que lo hace, negaríamos que todos somos iguales ante la ley.

Además, el matrimonio civil no se rige bajo creencias religiosas de ningún tipo, para eso existe el matrimonio religioso. Por lo tanto, los argumentos que justifiquen la imposibilidad de ese derecho para las parejas del mismo sexo, basándose en la Biblia o en Dios, no tienen cabida. El matrimonio civil es un contrato legal que acuerdan de forma conciente dos personas –civiles-.

Resulta interesante que algunos diputados, entre ellos Parker, hablen de la Ley Natural como sinónimo de matrimonio entre un hombre y una mujer. Ahora, ¿en verdad es antinatural la homosexualidad? No. De hecho, no somos la única especie que presenta conductas homosexuales. Estudios como “Exuberancia biológica: homosexualidad animal y diversidad natural”, del del biólogo Bruce Bagemihl, presentan al menos 1,500 especies de animales que practican la homosexualidad y/o la bisexualidad.

Nuestra especie necesita de la reproducción de ambos sexos para sobrevivir, pero no es cierto que por permitir el matrimonio entre homosexuales, la humanidad desaparecerá. Primero, porque los heterosexuales no necesitan del matrimonio para tener hijos; segundo, porque permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo no convertirá a los heterosexuales en homosexuales. Como ejemplos tenemos a países como Canadá y España, los cuales en el 2005 aprobaron el matrimonio homosexual.


No podemos violentar el derecho que tienen los homosexuales a casarse por lo civil. Esto, sin duda, no acabará con la discriminación, pero será un paso importante para ser una sociedad más inclusiva. No podemos tratar a los homosexuales como criminales o civiles de segunda categoría. Tampoco podemos decir que la preferencia sexual que tiene una persona la hace buena o mala para casarse o formar una familia. Esto porque, si la familia heterosexual de Parker fuese un ejemplo digno de seguir, quizá todos nuestros hijos e hijas deberían estar involucrados en asalto sexual.

25 de abril de 2009

No vemos que no vemos















El hombre en su arrogancia se cree digno de ser creado por intervención de una deidad, pero sería más modesto y verdadero haber sido creados a partir de los animales. Charles Darwin

3 de abril de 2009

Parejas polarizadas

Antes del 15 de marzo, día en que los salvadoreños elegimos a Mauricio Funes como presidente de la República, me topé con una pareja muy peculiar: caminaban tomados de la mano por los pasillos de Metrocentro, cada uno iba identificado con la camiseta del partido político de su predilección: ella vestía una de ARENA; mientras que él, una del FMLN.

Las elecciones políticas pueden llegar a generar divergencias e incluso conflictos, ya sea entre los partidos en contienda, ya sea entre los militantes y simpatizantes de un partido con los del otro o ya sea entre una pareja donde cada individuo tiene preferencias políticas diferentes. ¿Cómo lidiar en un nivel tan íntimo con esas diferencias, en un país tan polarizado? A través del consenso.

Según la Real Academia Española, consenso es un “acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo”. Esos acuerdos permiten, entonces, llegar a respuestas o decisiones conjuntas con las que los miembros de la pareja se sienten satisfechos. Este sentimiento proviene de que nuestra opinión fue tomada en cuenta y también porque participamos, en alguna medida, a llegar a ella. En el caso de esta pareja, quizá hubo un acuerdo para vestirse así ese día.

Los consensos evitan no solo que la decisión tomada provenga de una sola persona, sino que también impiden que esa persona imponga o fuerce sus deseos en detrimento de los de su pareja, la cual puede sentir insatisfacción y hasta resentimiento al hacer lo que, posiblemente, no quiere. Por ejemplo si, en este caso peculiar, solo uno de los dos -el esposo o la esposa- hubiera optado porque ambos debían utilizar ese atuendo, el otro podría inconformarse con la decisión, quizá por no haber sido escuchado o por querer algo distinto.

Sin embargo, el consenso no resuelve todo ni siempre es posible llegar a acuerdos. Las parejas pueden utilizar diferentes argumentos para convencer al otro de votar o preferir a su opción política –el FMLN o ARENA, en este caso-. Intentar llegar a un consenso sobre por quién votar, es decir, que ambos miembros acuerden votar por un mismo partido, es casi imposible y sería una tarea frustrante para ambos –y para sus hijos, si los tienen-. Esto se debe a que se trata de la elección entre dos visiones o dos opciones diferentes.

A pesar de lo anterior, sí se pueden establecer otra clase de acuerdos en tiempos de elecciones. Decidir cómo se tratará el tema de las preferencias políticas en casa: en qué momentos se hablará, de qué forma se discutirá entre la pareja y con los hijos, etc.; acordar cómo se demostraran esas preferencias, etc.

Los consensos permiten el dialogo, la convivencia a pesar de las diferencias y el compromiso al momento de tomar una decisión o optar por una acción. Por ello, las parejas con preferencias políticas diferentes deben llegar a consensos, sobre todo en época electoral.

28 de febrero de 2009

Formalizacion comunicacional

Dentro del proceso de investigacion comunicacional, despues de haber realizado el respectivo diagnostico de la comunicacion de una institucion o un grupo o un proyecto, al haber sido detectado los problemas comunicativos, se plantean sugerencias para resolver dichas dificultades. Estas respuestas son las estrategias. En estas, se plantean diferentes propuestas para mejorar la comunicacion interna y externa, y evitar los problemas que puedan impedir el desarrollo de un proyecto o una institucion.


Antes de continuar no se debe entender a la comunicacion como una panacea, por dos razones principales -aunque hay mas-: primero, no todos los problemas son de comunicacion y, segundo, las nuevas propuestas pueden generar otras problematicas, ya sea por no ser las adecuadas, ya sea por generar cierta ambiguedad o, incluso, ya sea por un mal uso de las estrategias, et


La formalizacion comunicacional se plantea en aquellos casos en los cuales donde existen previamente canales, areas dedicadas a la comunicacion -si ya existe un perfil institucional-, mensajes, emisores y receptores; es decir, cuando existe un proceso de comunicacion. Pero, ¿a qué se refiere formalizar la comunicacion? Pues es muy simple: las personas dentro de una organizacion establecen canales informales de comunicacion, ademas de los canales formales. Estos canales informales suplen ciertas deficiencias de los formales. Sin embargo, por su misma informalidad pasan desapercibidos por la propia institucion. Entonces, el concepto de formalizacion significa detectar estos canales alternativos generados por los empleados y adecuarlos de tal forma que se conviertan en formales.


A veces estos canales alternativos son incluso mas sencillos y eficientes. Sin embargo, esto no significa que solo con formalizar estos canales, se resuelven los problemas comunicativos. Al contrario, deben ser la base para el planteamiento de estrategias mas grandes.


Quiza con un ejemplo pueda entenderse mejor el concepto de formalizacion comunicacional:


Una institucion X tiene su area dedicada a la comunicacion, la cual busca comunicarse con el publico externo a traves de vallas, afiches, la pagina web, etc. Estos son canales formales, porque estan destinados y han sido creados con el fin de comunicar e informar acerca del trabajo, los proyectos, mision, vision, etc. Ademas, los encargados de comunicaciones trabajan en la comunicacion interna: reuniones semanales, envio de correo electronico, afiches, etc. Todas estas son las estrategias que la empresa utiliza.
Sin embargo, ellos no toman en cuenta el uso de post stick para comunicarse. Estos post stick se utilizan para dejar pequeños mensajes pegados en las pantallas de las computadoras. El caso es que este modo de comunicacion presenta muchas ventajas: no requieren electricidad, estan a la vista todo el tiempo, tienen una ubicacion fija y personal, son baratos y sencillos, etc. El problema radica en que, al no haber fijacion en su uso, no se invierte en él y, por ello, solo se utiliza eventualmente y de forma simple.
Ahora, al formalizarlo, puede ampliarse su uso e incluso explotarlo. ¿Cómo? Pues una forma muy simple es establecer las reglas de su uso: primero, estableciendo un lugar en el escritorio donde cualquier empleado puede hallar los post sticks para colocarlos en la pantalla de su compañero de trabajo; segundo, entregando un número de post sticks a cada empleado de forma regular; tercero, podrian emplearse diferentes colores de post sticks para diferenciar las tareas, las clases de mensaje, hasta si el mensaje proviene del jefe o de compañeros de trabajo o puede dividirse en colores para diferenciar a qué area de la institucion pertenece, etc.
De esta forma, se convierte una estrategia tacita surgida de la necesidad de comunicarse y se adecua de tal forma que se normaliza y se formaliza su uso.

1 de febrero de 2009

Objetos y evolucion




Los objetos han conformado una parte importante en la vida del ser humano a lo largo de su evolucion. Desde la creacion de herramientas con un uso meramente funcional, pasando por el segundo momento en el cual adquirieron un valor externo de intercambio, hasta su tercera etapa, en la cual se les adjudica un estatus de distincion. Hablamos, por supuesto, de las 3 valoraciones de los objetos: valor de uso, valor de cambio y valor de signo (cambio signo).





Con relacion a otros primates, nos dividen dos tipos de valores: el de cambio y el de signo. Se han encontrado ejemplos de chimpaces capaces de utilizar herramientas para un uso en particular: conseguir alimento. Sin embargo, nunca se ha documentado que utilicen algun objeto para poder comprar alimentos. Esto no significa que no sean capaces de intercambiar objetos, aunque a esta accion no se le ha prestado mucha atencion o, incluso, no se le ha documentado. Entonces, mucho menos van a poder agregarle un valor simbolico a los objetos, de tal forma que que lo que interese no sea su uso directo, sino el estatus que genere.

Posiblemente, parezca obvio que otras especies de primates, ademas de la humana, carezcan de los valores de cambio y de signo. Esto se debe a que simplemente, como explica Robin Dunbar en el libro "La Odisea de la Humanidad", ninguna otra especie es capaz de "imaginar"; es decir, todas los demas animales se remiten a su mundo directo, sin poder establecer otras realidades posibles.

Sin embargo, quiza algunos ejemplos pueden darnos principios del valor de cambio no solo en primates, sino en otros animales: lus murcielagos vampiro establecen relaciones diferenciales con ciertos individuos del grupo a traves del intercambio de sangre rejurgitada en casos de no haber conseguido alimento; al realizar este intercambio el vampiro que "regaló" sangre, recordará, ante una necesidad, al otro y este último optará por ayudarlo en el futuro -no así a otros con los cuales no estableció ese vínculo-. Es decir que un vampiro repartirá su alimento a otro por si en el futuro lo necesita. Es una estrategia de sobrevivencia a traves de alianzas. Este tipo de situaciones se da en algunos primates tambien, con la alimentacion de por medio.


Este fenomeno podria no llenar el concepto de valor de cambio. Pero no es solo una de las justificaciones para no incluirlo como tal: la cantidad, calidad y el tipo de objetos utilizados por los primeros seres humanos y sus ancestros relacionados es grande en comparacion con otros animales existentes y extintos. Es decir, si hablamos, dentro del valor de uso, tambien hubo una evolucion segun las necesidades que suplian tales objetos. Por ejemplo, los seres humanos usaron pieles de otros animales para cubrirse, con el fin de proteger sus cuerpos del frio y mantener la temperatura corporal. Ninguna otra especie conocida utiliza ropa, a menos que nosotros se las pongamos, pero no les sirve para sobrevivir.


Existen muchas razones mas para ejemplificar la importancia de los objetos en la evolucion y el papel que juegan, ya tratadas por otras personas. Sin embargo, casi siempre se limitan al valor de uso -es decir, a las objetos usados como herramientas funcionales- y a partir de ello hacen las comparaciones. Despues se olvidan de que los objetos cumplen otras funciones que, incluso, llegan a alejarse de su funcion basica: servir para algo necesario.

2 de enero de 2009

El Regreso

La Publicidad Sin Vida es un cuento que consta de 12 capitulos. El Regreso es una parte que no se incorporoo dentro de la obra, debido a que fue escrita meses despues. El motivo: como la vida, el fin de esta obra, su muerte, es inesperada.


Las puertas doradas estaban abiertas. Había pasado tanto tiempo desde ese día fatídico en que se cerraron, que parecía una ilusión. Estaba sola, así que se acercó a la entrada despacio, con cautela. Colocó su mano en la pared mohosa. En la otra, sostenía su maletín. Lo dejó caer. Se quitó despacio sus tacones y los tiró a un lado. Por fin entró. En sus pies sintió la grama, pero no le importó, porque miraba con cuidado y de forma minuciosa el paisaje. Estaba vacío. Del entorno, resaltaba al fondo un árbol a contra luz, porque el sol se encontraba justo atrás de éste.

De repente, la puerta se cerró, produciendo un estruendo metálico. Volvió a ver con sorpresa. Corrió hacia la entrada y, al llegar, jalo las rejas con todas sus fuerzas. Nada. Tras un gran esfuerzo, dejó de insistir. Observó el mundo de afuera. Muerte, destrucción, odio e infelicidad. Imágenes plagadas de dolor aparecieron al otro lado. Después, hubo silencio. Una mano tocó su hombro y una voz pronunció su nombre: “Eva”.

Vio de reojo la mano masculina. “Estoy de nuevo en el paraíso”, pensó. Cerró sus ojos y se concentró en los sonidos a su alrededor: el agua de una cascada que caía a lo lejos, el sonido de unos pájaros que volaban a su alrededor… Suspiró. Luego, de sus ojos brotoo una lagrima que recorrioo su mejilla despacio. Mientras, el mundo seguia su ritmo a la espera del final. "No soy Eva", dijo de repente apartando la mano de forma violenta. "Soy Lilith".